Queridos Reyes Magos,
Un año más me dirijo a vosotros con una ilusión renovada, pero también con una mirada más consciente del mundo que habitamos. Este tampoco ha sido un año sencillo: seguimos navegando entre incertidumbres globales, crisis climática y cambios tecnológicos que avanzan más rápido de lo que nuestra mente alcanza a procesar.
Las guerras, los desplazamientos masivos y el sufrimiento de millones de personas —desde Ucrania hasta Gaza y otros conflictos invisibles— nos recuerdan, con dolorosa claridad, que todavía estamos muy lejos de la paz, la justicia y la dignidad universal.
La tecnología, por su parte, ha dado pasos gigantes. La inteligencia artificial ha dejado de ser promesa para convertirse en herramienta cotidiana, especialmente en campos como la salud, la educación y la productividad. Los primeros sistemas capaces de detectar enfermedades antes de que den síntomas, o de personalizar tratamientos en tiempo real, empiezan a mostrar lo mejor que podemos hacer cuando el conocimiento, la ciencia y la ética se encuentran en el mismo lugar. Son avances que no solo salvan vidas, sino que nos enseñan que el progreso también puede ser profundamente humano.
Este año, más que nunca, siento que mi carta no va de regalos materiales, sino de deseos compartidos. De aspiraciones que nos permitan vivir con un poco más de calma, de sentido y de esperanza. Deseos que nos comprometen, porque lo que pedimos también nos obliga a actuar.
Aquí va mi lista de este año.
Y, como siempre, espero completarla con vuestras ideas, vuestras miradas y vuestros deseos, porque este futuro no lo construye uno solo: lo escribimos entre todos.
1. Vivienda digna para poder empezar
Miles de jóvenes siguen viviendo en casa de sus padres, no por elección, sino por imposibilidad. Deseo que tener un techo digno no signifique hipotecar el futuro ni retrasar proyectos que deberían estar en marcha. Que la vivienda vuelva a ser un espacio de autonomía y no una trampa que posterga sueños y decisiones importantes.
2. Sanidad sin listas de espera
Las listas de espera crecen y los profesionales están cada vez más cansados. Deseo un sistema sanitario cercano, humano y sostenible, donde quien sufre no tenga que esperar meses para ser atendido, y donde quienes lo sostienen reciban reconocimiento, recursos y descanso. La salud es un bien público, pero también una responsabilidad compartida entre ciudadanía, instituciones y políticas valientes.
3. Educación para toda la vida
El mundo cambia antes de que terminemos de aprender. Deseo que la universidad deje atrás su rol de fábrica de titulados y asuma su papel como socia estratégica del aprendizaje continuo. No se trata de preparar para un empleo concreto, sino de desarrollar talento capaz de adaptarse, cuestionar y aportar valor en mercados que mutan sin esperar.
4. Trabajo digno y proyectos con futuro
Queremos algo básico: sentir que el esfuerzo merece la pena. Que un empleo no sea una condena a la precariedad, sino una puerta a la independencia y las oportunidades. Deseo salarios que permitan estabilidad y organizaciones que cuiden el talento en lugar de agotarlo. El trabajo debería abrir horizontes, no limitarlos.
5. Convivencia sin miedo ni odio
La diversidad forma parte de nuestra vida diaria, pero la polarización creciente está convirtiendo las diferencias en trincheras que nos enfrentan. Ojalá sepamos gestionarla con justicia y responsabilidad, sin caer en el miedo, los bulos o el señalamiento fácil. La seguridad no debería convertirse en disfraz del odio. Construir convivencia no es ingenuidad: es inteligencia colectiva frente a un clima que nos empuja a desconfiar los unos de los otros.
6. Menos desigualdad y más dignidad
Detrás de cada estadística hay personas haciendo malabares para llegar a fin de mes, renunciando a necesidades básicas o viviendo con la ansiedad de no saber si podrán pagar el alquiler el mes que viene. Deseo políticas y prácticas que reduzcan desigualdades sin paternalismo ni estigma, y apoyos que permitan vivir sin miedo constante.
7. Paz justa y duradera
Deseo que dejemos de contar muertos y desplazados en conflictos que deshumanizan continentes enteros. Gaza y Ucrania no son titulares, son tragedias que exigen una paz justa: que proteja vidas civiles, reconstruya comunidades y no perpetúe el odio. Nada de lo que logremos tendrá sentido si seguimos fallando en lo básico: proteger la vida.
8. Acción climática que deje huella
El clima no es problema de otros: nos afecta a todos. Deseo una acción climática distribuida, donde ciudades, empresas y personas hagan pequeñas cosas que sumen. No como sacrificio, sino como legado. La sostenibilidad es tarea colectiva si queremos tener futuro, no nostalgia.
9. Recuperar la capacidad de decidir
Vivimos atrapados en la urgencia de las pantallas, reaccionando a estímulos que nos roban atención y libertad. Deseo que podamos usar la tecnología con intención y no desde la inercia. Que recuperemos tiempo sin interrupciones, conversación sin pantallas y pensamiento sin ruido. Porque hay una diferencia enorme entre reaccionar y decidir, y ojalá este sea el año en que recordemos quién tiene el timón.
10. Inmunidad ante la incertidumbre
La incertidumbre ya no es un accidente: es el entorno. Deseo que 2026 sea el año en que reforcemos defensas internas para habitarla con calma: propósito, flexibilidad, antifragilidad y ética. No podemos controlar el futuro, pero sí nuestra forma de responder. La ansiedad no tiene por qué paralizar: puede movilizar.
Hagamos posible lo que deseamos
Ojalá pudiéramos confiar todo esto a la magia… pero quizá el verdadero regalo no sea que alguien lo resuelva por nosotros, sino recordarnos que cada uno puede hacer algo, por pequeño que parezca, para que estos deseos empiecen a tomar forma.
Porque cada gesto cuenta. No necesitamos saberlo todo, ni cambiarlo todo, ni salvar al mundo en un solo día. Necesitamos personas que, desde su metro cuadrado, construyan espacios de dignidad, diálogo y esperanza. Personas que no esperen a que las cosas estén mejor para actuar, sino que actúen para que las cosas puedan estar mejor.
Si 2026 nos encuentra más atentos que distraídos, más generosos que temerosos, más comprometidos que cínicos, ya habremos dado un paso enorme. No hacia un mundo perfecto, sino hacia uno más habitable, más justo y más humano.
Así que, si los Reyes Magos no traen todo lo que pedimos, no pasa nada.
Porque este año, más que nunca, nos toca hacer de Reyes los unos para los otros.
Con esperanza, con ternura y con la convicción tranquila de que lo pequeño también transforma,
Descubre más desde El poder de la redarquía
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.




