Queridos lectores, tras dos años de trabajo colectivo en la Asociación Educación Abierta, debatiendo sobre el estado de la educación en España, el 15 de Octubre, publicamos el libro digital, que reúne más de 100 artículos escritos por maestros y profesores, pero también por padres y consultores, políticos, empresarios, médicos, arquitectos, informáticos o académicos. Puedes participar en el debate y ver los detalles del evento en la web de la AEA. Aprovecho la ocasión para compartir con vosotros mi aportación al debate.

“La educación sigue siendo un instrumento privilegiado para la transformación social, ahora bien, la escuela no puede solucionar todos los problemas de una sociedad. No habrá cambio educativo si no hay cambio social” Asociación Educación Abierta  #CalmarEdu

En tiempos de cambios acelerados, el futuro no es algo que está por llegar, sino algo que ya está aquí y que simplemente no vemos debido a que nuestros modelos mentales, creencias, formas de hacer y hábitos del pasado no nos permiten verlo. Por eso es importante revisar a fondo los principios y creencias que sustentan nuestro modelo educativo, y estimular el debate sobre nuevas formas de aprendizaje y enseñanza a través de las nuevas tecnologías, redes sociales y contenidos digitales abiertos.

El futuro son los jóvenes, y ya están aquí. Las últimas generaciones han desarrollado nuevas capacidades cognitivas y no aceptarán fácilmente los sistemas de aprendizaje de épocas pasadas. Viven conectados, son interactivos y rápidos en el uso de las nuevas tecnologías, y se actualizan constantemente. Su modelo de aprendizaje es el de la web social, aprenden en colaboración, no esperan clases magistrales sino conversaciones abiertas que les permitan desarrollar en comunidad las habilidades que necesitan para sobrevivir en un mundo global.

Es tiempo de construir sobre lo que ya funciona y, al mismo tiempo, explorar nuevas perspectivas que hagan posible una nueva realidad educativa en nuestras escuelas y universidades. En otras palabras, nuestro trabajo como líderes no es tener todas las respuestas, sino saber formular las preguntas adecuadas que nos indiquen cuáles son los desafíos estratégicos a los que se enfrenta la educación del futuro.

  • ¿Cómo reinventar la educación para un mundo complejo, incierto y de cambios acelerados?,
  • ¿Qué conocimiento, habilidades, actitudes y valores tendrán los estudiantes de hoy para prosperar y dar forma a su futuro?
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  • ¿Cómo pueden los sistemas de educación desarrollar estos conocimientos, habilidades, actitudes y valores de manera efectiva?.

Las respuestas a estos desafíos deben ser necesariamente colectivas y el resultado de debates públicos y abiertos con todos los agentes involucrados. Iniciativas como “Calmar la Educación” o la iniciativa de la OCDE a nivel europeo, Educación 2030, son un buen punto de partida y tienen como objetivo encontrar respuestas colectivas sobre los conocimientos, habilidades, actitudes y valores necesarios para que los estudiantes de hoy puedan prosperar en un mundo global y conectado, y cómo los modelos educativos del futuro pueden desarrollarse de manera efectiva.

La paradoja radica en que, mientras que el mundo basado en nuevas tecnologías y nuevas formas digitales de hacer se mueve exponencialmente, nuestras escuelas, instituciones educativas y modelos de gobierno siguen avanzando con pensamiento lineal y mejoras incrementales, tratando de resolver los enormes desafíos educativos a los que nos enfrentamos con herramientas del pasado. La realidad es que nuestro modelo educativo no necesita simplemente reformas, sino una transformación digital acelerada que aproveche al máximo las nuevas oportunidades de formación abierta en una sociedad conectada.

Para aprovechar todo el potencial de la educación como impulsor social de ciudadanos capaces de dirigir su propio futuro, generando empleo, crecimiento económico y equidad social, necesitamos pasar de un modelo educativo diseñado para gestionar la escasez, a un modelo diseñado para gestionar la abundancia. Esto parte de la premisa de que en un mundo educativo global y sin fronteras, compartir crea valor y el acceso a la educación debe ser libre y ubicuo, permitiendo el aprendizaje desde cualquier dispositivo y lugar.

Hasta ahora, hemos aprendido a escalar la tecnología, pero ahora es el momento de escalar a las personas. La educación es clave en esta gran oportunidad. El objetivo final de la educación es equipar a todas las personas, independientemente de su género, edad o circunstancias, con los conocimientos, habilidades y valores necesarios para ser dueñas de su futuro. No se trata de enriquecernos con un currículum brillante, sino de enriquecer nuestras vidas de forma permanente, sin importar cuándo ni dónde nos encontremos.

La verdadera misión de la educación es crear personas libres, capaces de escribir su futuro y participar plenamente en la vida y el trabajo de su sociedad. El valor real de las personas radica en nuestra capacidad de iniciativa, creatividad y pasión, que podemos poner en nuestro trabajo cuando encontramos valor en lo que hacemos. Por lo tanto, la educación debe ser vista como un derecho humano básico y como un valor en sí mismo, que da sentido y propósito a nuestras vidas.

Para cumplir sus objetivos, la educación debe tener una perspectiva tridimensional y preparar a los jóvenes para la vida, el trabajo y la ciudadanía. En un mundo global y conectado, es necesario que los jóvenes piensen con imaginación, trabajen en equipo y tengan habilidades personales y sociales altamente desarrolladas. En un mundo incierto y complejo, se requiere de jóvenes emprendedores capaces de salir de su “zona de confort”, construir su propio futuro, asumir riesgos inteligentes y aprender de sus errores. En un mundo digital, se necesitan nuevas capacidades para crear valor, conectarse con la inteligencia colectiva de nuestras organizaciones, desarrollar nuevas formas de trabajar, nuevos productos, nuevos modelos de negocio y nuevos modelos sociales. En una sociedad sostenible, se necesitan ciudadanos educados en valores, participativos y comprometidos con la equidad y la igualdad social.

La educación en valores es especialmente importante porque las desigualdades sociales y la marginación no son cuestiones que estén programadas genéticamente, sino el resultado de modelos económicos específicos, como el capitalismo o el liberalismo desenfrenado. En muchas sociedades democráticas de nuestro entorno, como podemos ver todos los días en los periódicos, muchas injusticias y desigualdades están relacionadas con la “avaricia desenfrenada” de élites extractivas que han copado nuestras instituciones mediante el clientelismo y la explotación en beneficio de unos pocos y en detrimento de la mayoría social.

La educación en valores sociales nos enseña que es posible hacer las cosas de manera diferente y que existen alternativas, siempre y cuando se quiera y se actúe para hacerlas realidad. La educación sigue siendo un instrumento privilegiado para la transformación social, ya que es un factor determinante en la socialización de las generaciones más jóvenes y lleva a la asimilación de los valores culturales que hacen posible alcanzar una sociedad más ética y sostenible.

Con el acelerado progreso tecnológico y el cambio social, es impensable que la educación inicial de una persona pueda servirle a lo largo de toda su existencia. Aunque la escuela siga siendo el medio esencial para transmitir los valores y el conocimiento en las etapas tempranas de nuestras vidas, la escuela por sí sola no puede solucionar todos los problemas de una sociedad.

Las escuelas tienen la tarea de preparar a nuestros hijos para trabajos que aún no se han creado, para tecnologías que aún no se han inventado y para resolver problemas que aún no han sido anticipados. Por lo tanto, la educación debe ser una responsabilidad compartida. La educación del futuro es para toda la vida y no tiene fronteras. Todos somos parte del problema y de la solución, y es importante que profesores, padres y alumnos se comprometan a hacer posible colectivamente los cambios necesarios para una educación permanente, inclusiva, abierta y universal.

No puede haber cambio educativo si no hay cambio social. El mayor peligro en tiempos de cambios acelerados no es la incertidumbre, sino seguir actuando y tomando decisiones con la lógica del pasado. El verdadero desafío como innovadores de la educación es dedicar el necesario tiempo y esfuerzo para desaprender y validar, desde la perspectiva de un tiempo nuevo, las creencias y comportamientos que sostienen el actual modelo educativo heredado de la era industrial. Se trata de ser capaces de distinguir lo que ha sido siempre verdad de lo que es verdad en este momento.

Por eso es necesario contar con un foro abierto como “Calmar la Educación”, dirigido a todos los actores del sistema educativo: responsables políticos, expertos académicos, redes escolares, docentes, líderes educativos, estudiantes y agentes sociales. En este espacio podremos plantearnos las preguntas clave para el futuro de nuestra educación, compartir prácticas disruptivas y buscar colectivamente las iniciativas adecuadas para hacer de la educación abierta una realidad en nuestro país. Esperamos contar con tu participación. ¿Te atreves?

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