«Hemos conquistado el planeta, pero aún no hemos aprendido a dominarnos a nosotros mismos. Ese es el verdadero desafío de la humanidad.» Yumal Noah Hariri
Con una mezcla de rigor histórico y un enfoque provocador, Yuval Noah Harari se ha convertido en uno de los pensadores contemporáneos más influyentes. Sus libros exploran la historia de nuestra especie, no solo para entender cómo llegamos hasta aquí, sino también para proyectar hacia dónde podríamos dirigirnos en un mundo transformado por el poder de la tecnología y las complejidades de la globalización.
En su última obra, Imparables, Yuval reflexiona sobre el impulso humano de ir siempre “más allá”, de superar cualquier límite, y cómo ese deseo de expansión y progreso sin freno nos ha convertido en la especie dominante del planeta. Sin embargo, este mismo impulso plantea un riesgo existencial: al avanzar sin detenernos, podríamos estar acercándonos a un abismo. Yuval ha dicho que escribió este libro, en parte, como una forma de responder a las preguntas que lo inquietaban de joven: ¿hacia dónde nos lleva este impulso incesante de conquistar y transformar? Imparables invita a los lectores a cuestionarse si realmente somos imparables… o si deberíamos aprender a frenarnos antes de que sea demasiado tarde.
Te invito a acompañarme en este recorrido por la mente de Yuval Noah Harari, para reflexionar sobre si el ser humano es realmente imparable… o si necesitamos aprender a detenernos antes de cruzar un umbral peligroso. Con la ayuda de ChatGPT, he creado una entrevista simulada inspirada en las ideas, libros y entrevistas de Harari. Esta conversación intenta capturar la esencia de su pensamiento sobre los riesgos, las esperanzas y las grandes preguntas que enfrenta nuestra especie. ¿Estamos realmente en el camino hacia un futuro brillante, o más bien al borde de un precipicio?
Motivación y propósito
Yuval, en tus libros exploras temas tan vastos como la historia de la humanidad, el impacto de la tecnología y los dilemas éticos de nuestro tiempo. ¿Qué te impulsa a abordar estos temas de manera tan ambiciosa y a cuestionar constantemente el rumbo de nuestra especie?
La motivación para escribir Sapiens surgió de mi deseo de explorar de dónde venimos y cómo hemos llegado a ser quienes somos. Quería contar la historia completa de la humanidad, desde los primeros humanos que caminaron por la sabana africana hasta el momento en que comenzamos a construir civilizaciones y a dominar el planeta. Sapiens es un relato de nuestra evolución cultural y biológica, una exploración de cómo nuestras creencias, mitos y estructuras sociales han moldeado el mundo.
Sin embargo, entender el pasado no era suficiente; necesitaba también reflexionar sobre el futuro. Homo Deus explora un futuro donde el poder de la tecnología y la inteligencia artificial abre nuevas posibilidades, pero también nuevos riesgos. Aquí, me preocupaba cómo nuestras ambiciones podrían llevarnos a querer ser “dioses”, superando nuestras propias limitaciones biológicas y morales, sin saber realmente a dónde nos llevará ese camino.
Finalmente, con Imparables, mi intención fue llevar estas reflexiones a un público más joven. En cierto modo, lo escribí para mí mismo, para dar respuesta a las inquietudes que tenía de pequeño. Este libro explora cómo el deseo humano de superar todo obstáculo, de avanzar sin freno, nos ha hecho una especie dominante, pero también plantea un riesgo existencial. Quise mostrar que esta ambición puede ser tanto nuestra mayor fuerza como nuestra perdición. Imparables invita a los lectores a preguntarse si somos capaces de controlar nuestro propio poder, de poner límites cuando es necesario, y de redefinir el “progreso” de una manera más sostenible y ética. La pregunta central de Imparables no es solo qué más podemos lograr, sino si sabemos detenernos antes de que nuestra búsqueda de más nos lleve al abismo.”
¿Por qué los humanos somos imparables?
En tus libros describes a los humanos como “imparables” y con un impulso insaciable de expansión. ¿De dónde crees que surge esta necesidad constante de conquistar y superar límites?
La necesidad humana de conquistar y superar límites es, en gran parte, un reflejo de nuestra evolución como especie. A diferencia de otros animales, que se adaptan a su entorno de manera limitada, los humanos hemos desarrollado una curiosidad y un impulso de mejora que nos llevan a modificar nuestro entorno en lugar de solo ajustarnos a él.
Somos “imparables” en dos sentidos. Primero, porque hemos llegado a ser el animal más poderoso del planeta. Ninguna otra especie tiene el alcance, la influencia ni el impacto que hemos logrado los humanos. Los leones, los elefantes o incluso las ballenas, aunque impresionantes y fuertes, no pueden compararse con nosotros en términos de poder colectivo. Hemos doblegado a la naturaleza y conquistado la Tierra de una manera que ninguna otra especie ha podido.
Pero hay otro sentido, quizás más profundo, en el que somos imparables: no sabemos detenernos a nosotros mismos. No importa cuánto logremos, siempre queremos más. Este deseo insaciable, esta inquietud constante, es una parte esencial de nuestra naturaleza. Desde los antiguos imperios que buscaban expandir sus territorios hasta las potencias actuales que exploran el espacio y buscan superar las limitaciones humanas, siempre estamos buscando algo más allá de lo que ya tenemos. Culturales y mitos de progreso perpetúan esta ambición, convenciéndonos de que nuestro propósito es seguir avanzando, sin importar el coste.
La paradoja es que, aunque somos la especie más poderosa del planeta, eso no significa que seamos invencibles o sabios. Este poder que nos ha permitido dominar el planeta y explorar el espacio también podría llevarnos a nuestra propia destrucción si no logramos controlarlo. Este es quizás nuestro mayor dilema: ¿podremos aprender a encontrar un equilibrio, a estar satisfechos con lo que hemos logrado, o seguiremos avanzando sin control, aun si eso significa poner en riesgo nuestra propia supervivencia?»
El poder de las historias
En tus libros hablas del poder de las historias para unirnos. ¿Hasta qué punto crees que nuestras historias moldean nuestra identidad?
Nuestras historias tienen un poder inmenso, porque no solo moldean nuestra identidad colectiva, sino también nuestro propósito y la manera en que nos relacionamos con el mundo. Las historias que nos contamos—como aquellas sobre «ser imparables» o «tener siempre más»—actúan como lentes a través de los cuales entendemos conceptos como éxito, valor y propósito. Desde la infancia, estamos inmersos en relatos que nos enseñan a aspirar siempre a más, a ver el éxito en términos de logros y acumulación. Y, aunque estas historias pueden ser motores poderosos de crecimiento y superación, también nos pueden encerrar en un ciclo de insatisfacción y expectativas desmedidas.
¿Como podríamos crear historias que fomenten una mentalidad más equilibrada?
Para lograrlo, necesitamos relatos que valoren el progreso no solo como «más», sino como «mejor»: más significativos, sostenibles y humanos. Historias que celebren no solo a héroes solitarios, sino a quienes contribuyen al bienestar de sus comunidades y encuentran satisfacción en lo cotidiano. Los medios, la educación y el liderazgo tienen un papel clave en promover estas nuevas historias, resaltando la interdependencia, la conexión con la naturaleza y el autocuidado. Necesitamos relatos que muestren que «ser imparables» también significa saber cuándo decir «basta», cuándo priorizar el equilibrio sobre la expansión.
Al final, las historias son herramientas poderosas que pueden transformar nuestras sociedades y prioridades. Si aprendemos a contar relatos que valoren el equilibrio y el respeto por nosotros mismos, los demás y el planeta, podemos aspirar a una cultura más profunda y sostenible, más allá de la mera expansión y acumulación.
La juventud el eslabón más indefenso
En tu libro hablas sobre la juventud como el eslabón más indefenso de la sociedad. ¿Podrías hablarnos un poco sobre ese tema?
Los jovenes son el eslabón más indefenso de la sociedad en el sentido de que aún no han interiorizado las grandes historias que rigen nuestras vidas. Piensa en temas como el dinero, Dios o la política. Los adultos ya hemos escuchado estas historias tantas veces que ni siquiera las cuestionamos; las aceptamos como verdades absolutas, como si siempre hubieran estado ahí. Usamos dinero a diario, pero ¿cuándo fue la última vez que nos detuvimos a reflexionar sobre qué es realmente el dinero y por qué tiene valor?
Para los jovenes, sin embargo, estas historias son nuevas. No están condicionados por años de repetición y aceptación. Por eso, a menudo se preguntan: «¿Qué es esto? ¿Tiene que ser así?» Esta capacidad de cuestionar es extremadamente poderosa, pero también los hace vulnerables, porque aún no tienen las herramientas para defenderse de las narrativas impuestas por la sociedad. Si nadie los anima a pensar críticamente, corren el riesgo de absorber las mismas creencias sin cuestionarlas.
A lo largo de la historia, muchas de nuestras creencias y estructuras sociales se han basado en historias inventadas. Durante siglos, por ejemplo, se creyó que los hombres eran superiores a las mujeres, y esa creencia limitó a las mujeres en muchos aspectos de la vida. Era una historia que alguien inventó, y que se repitió tanto que todos la aceptaron como verdad. Pero con el tiempo, nuevas generaciones comenzaron a cuestionar esta narrativa. Movimientos juveniles, como las Protestas de Mayo, La Primavera Árabe o el Movimiento por los Derechos Civiles, desafiaron y cambiaron historias que habían sido consideradas inmutables.
Los jovenes, precisamente por su frescura y curiosidad, tienen el poder de señalar que algunas de nuestras historias son solo eso: invenciones. Esto les permite cuestionarlas y, si es necesario, reescribirlas. Es por eso que considero que los jovenes son el eslabón más indefenso, pero también el más prometedor. Si nuestra sociedad aspira a evolucionar, necesitamos jóvenes que se atrevan a desafiar las historias que ya no nos sirven y que, con su creatividad y valentía, puedan escribir relatos que nos lleven hacia un futuro mejor. Apoyar a la juventud en esta tarea es una de nuestras mayores responsabilidades si queremos construir una cultura más justa y consciente.
Tecnología y limite humano
En tus obras has discutido cómo la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías podrían superar nuestras capacidades. ¿Ves esto como una extensión de nuestro impulso de «ser imparables»? ¿Qué riesgos y oportunidades crees que esto plantea?
La inteligencia artificial y las nuevas tecnologías, en cierto sentido, son una extensión directa de nuestro impulso de ser «imparables». A lo largo de nuestra historia, cada herramienta, cada avance, nos ha ayudado a superar nuestras limitaciones, a expandir nuestro alcance y a obtener más control sobre el mundo. La IA, sin embargo, representa algo distinto. Es la primera tecnología que no solo amplía nuestras capacidades, sino que podría llegar a superarnos en algunos aspectos. Nos encontramos frente a una herramienta que no se limita a obedecer, sino que tiene el potencial de decidir y crear por sí misma, a veces en formas que no podemos prever o comprender.
Este desarrollo plantea riesgos y oportunidades enormes. La oportunidad está en que la IA podría ayudarnos a resolver problemas complejos que hasta ahora han sido insuperables. Podría transformar la medicina, ayudarnos a enfrentar el cambio climático y optimizar recursos de maneras que antes ni imaginábamos. Sin embargo, el riesgo está en que, al delegar cada vez más decisiones importantes a sistemas de inteligencia artificial, corremos el peligro de perder control sobre aspectos fundamentales de nuestras vidas y de nuestra sociedad. Cada vez es más común que las decisiones en nuestra vida no las tome una persona, sino una máquina. Piensa, por ejemplo, en YouTube: cuando terminas de ver un video, no es un ser humano quien elige el siguiente contenido que se te sugiere, sino un algoritmo de inteligencia artificial. Es la IA la que decide por ti, algo sin precedentes en la historia.
Además, la IA puede crear ideas por si misma, por lo que tiene el potencial de cambiar nuestra relación con el conocimiento y con nosotros mismos. La Ia puede crear textos, musica, imágenes y videos por si misma. Puede que en apenas unos años vivamos en un mundo en el que la mayor parte de la decisiones no las tomen los humanos, en el que las historias no la cuenten los humanos. Al depender de sistemas que nos conocen mejor que nosotros mismos, que pueden predecir y manipular nuestras decisiones, podríamos perder una parte esencial de lo que significa ser humano: la autonomía, la reflexión, la capacidad de tomar decisiones conscientes y de equivocarnos. En este sentido, la IA no solo amplifica nuestras capacidades, sino que también amenaza con redefinir lo que somos.
En última instancia, la inteligencia artificial refleja ese impulso insaciable de la humanidad de ir siempre más allá, de expandir su poder y conocimiento. Pero este impulso de «ser imparables» también podría conducirnos a un punto donde nos desconectamos de nosotros mismos. La IA podría ayudarnos a crear una sociedad más equitativa y eficiente, pero si no establecemos límites éticos claros y reflexionamos profundamente sobre su impacto, también podría amplificar nuestra insatisfacción, dejándonos en un mundo donde tenemos más poder, pero menos control sobre nuestras vidas. Quizás nuestra tarea más urgente es aprender a ser «imparables» con sabiduría, a frenar cuando sea necesario, y a preguntarnos constantemente si estamos construyendo un futuro que realmente queremos habitar.
Habilidades para el futuro
¿Qué habilidades y conocimientos crees tú que serían más valiosos para los estudiantes del futuro?
Es una pregunta muy compleja, pero absolutamente crucial, porque estamos en un momento único en la historia: no sabemos cómo será el mundo de aquí a 20 o 30 años. En el pasado, aunque nunca pudimos predecir el futuro por completo, sabíamos que ciertos aspectos de la vida cambiarían poco. En la Edad Media, por ejemplo, un campesino podía enseñar a sus hijos a segar, cultivar y construir herramientas, porque sabía que esas habilidades seguirían siendo útiles para la próxima generación.
Hoy, en cambio, no tenemos esa certeza. Sabemos que muchas profesiones actuales desaparecerán y otras nuevas surgirán, pero no sabemos cuáles. Por lo tanto, enseñar habilidades técnicas específicas podría no ser la mejor estrategia. Hace unos años, decíamos que programar era la habilidad del futuro; hoy, con la inteligencia artificial capaz de programar por sí misma, es posible que incluso la programación ya no sea tan esencial para los humanos en 20 años.
La única habilidad realmente valiosa para el futuro será la capacidad de aprender y adaptarse continuamente. La clave está en ser flexible y en aprender a desaprender, es decir, a desprendernos de lo que creemos saber, porque aquello que hoy entendemos como cierto podría volverse irrelevante o, incluso, ser un obstáculo en un mundo en constante cambio. Imagina tener que reaprender a moverte o a interactuar en un entorno virtual donde las leyes de la física podrían ser diferentes: eso es algo que, para los jóvenes de hoy, podría convertirse en una realidad.
Por eso, la actitud más importante es la flexibilidad y la humildad para decir “no lo sé”. Esto requiere valentía, especialmente en un sistema educativo que suele castigar la ignorancia en lugar de valorarla como el primer paso hacia el conocimiento. En lugar de centrarnos en habilidades concretas, deberíamos enfocarnos en inculcar habilidades como el pensamiento crítico, la inteligencia emocional y la capacidad de colaborar en equipos diversos. Estas habilidades les permitirán a los estudiantes no solo adaptarse al cambio, sino también cuestionar y mejorar el mundo a su alrededor.
Finalmente, en un mundo donde el cambio será constante, la capacidad de reconocer nuestros límites y de seguir aprendiendo será la habilidad más esencial de todas. La tecnología, si la usamos sabiamente, puede ayudarnos en este proceso, ofreciéndonos acceso a recursos y conocimientos globales. Pero necesitamos una mentalidad de aprendizaje continuo, adaptabilidad y curiosidad, para que los jóvenes de hoy no solo puedan navegar el mundo incierto de mañana, sino también contribuir a darle forma, construirlo, y cuestionarlo cuando sea necesario.
El dilema de la insatisfacción
La inteligencia artificial y otras tecnologías pueden darnos mayores comodidades, reducir el esfuerzo necesario para realizar muchas tareas y aliviarnos de varios problemas prácticos. Sin embargo, creo que la tecnología no puede realmente satisfacer la inquietud interna que nos caracteriza como seres humanos. Esa insatisfacción es parte fundamental de nuestra naturaleza, una especie de motor que nos empuja a cuestionar, a buscar propósito y a explorar lo desconocido. Es algo que va mucho más allá de simplemente vivir con comodidad; tiene que ver con nuestra curiosidad, con el deseo de sentido y con la necesidad de encontrar nuestro lugar en el mundo.
Es interesante que esta misma insatisfacción haya sido, en gran medida, el impulso detrás de nuestra historia de innovación. Es lo que nos ha llevado a construir civilizaciones, a estudiar las estrellas, a desarrollar el arte y, hoy en día, a crear inteligencias artificiales. En muchos aspectos, nuestra inquietud es la chispa que enciende cada uno de estos logros. Sin ella, quizá no habríamos logrado salir de la cueva.
Sin embargo, el peligro de la tecnología moderna es que nos hace creer que esa inquietud puede satisfacerse con bienes materiales o experiencias rápidas y fáciles. Las redes sociales, los dispositivos de consumo instantáneo y las aplicaciones que nos ofrecen gratificación inmediata pueden atraparnos en un ciclo de consumo, en el que buscamos llenar ese vacío existencial con la próxima innovación o el último avance tecnológico. Pero, por lo general, esto solo lleva a una mayor insatisfacción, porque la verdadera plenitud no se encuentra en la acumulación de tecnología o en la gratificación instantánea, sino en cómo utilizamos esas herramientas para conocernos mejor y comprender nuestro lugar en el universo.
Quizá el verdadero desafío de nuestra era es aprender a manejar la «insatisfacción creativa» que nos impulsa a explorar y crecer, sin caer en la «insatisfacción destructiva» que nos encierra en un ciclo de consumo y gratificación momentánea. Así, podremos aprovechar el potencial de la tecnología sin perder de vista el propósito más profundo de nuestra existencia.
¿Cómo podríamos aprender a estar satisfechos con lo que tenemos?
Aprender a estar satisfechos con lo que tenemos es, en realidad, una de las tareas más difíciles para los seres humanos. A lo largo de nuestra historia, la inquietud ha sido un motor esencial: nos ha llevado a explorar, a innovar, a crecer. Sin embargo, esa misma inquietud, sin límites, puede convertirse en una fuente inagotable de insatisfacción. Quizás la clave no esté en apagar ese impulso, sino en aprender a equilibrarlo y a encontrar satisfacción en lo que ya tenemos, en lugar de buscar siempre más.
Practicar la gratitud, por ejemplo, es una herramienta poderosa. Nos ayuda a detenernos y a valorar nuestras relaciones, nuestros logros y las experiencias que nos han hecho crecer, en lugar de enfocarnos solo en lo que nos falta. Algo tan sencillo como dedicar unos minutos cada día para reflexionar sobre tres cosas que agradecemos puede transformar nuestra perspectiva y ayudarnos a apreciar más lo que tenemos. También es útil reevaluar nuestras metas y prioridades, preguntándonos si los objetivos que perseguimos realmente provienen de nuestro deseo interno o si son influencias externas —de la cultura, la familia o la sociedad— que hemos asumido sin cuestionar. Este tipo de autoconocimiento es clave para orientar nuestra vida en función de lo que realmente nos importa.
Además, aprender a disfrutar el proceso, no solo el resultado, puede brindarnos una satisfacción más duradera. Cuando vemos valor en el crecimiento y el aprendizaje, independientemente de si alcanzamos una meta específica, encontramos significado en el camino mismo. Este cambio de enfoque nos permite valorar las experiencias y sus lecciones, no solo los éxitos finales.
Desarrollar una mentalidad de suficiencia también es fundamental. Reconocer que «suficiente» no significa conformarse, sino entender que ya tenemos lo necesario para ser felices en muchos aspectos. Esto no nos impide aspirar a más, pero nos ayuda a equilibrar nuestras ambiciones con una sensación de plenitud y paz. Es un antídoto contra el impulso de acumular sin parar y nos permite disfrutar más de lo que ya hemos alcanzado.
Finalmente, desconectar de las comparaciones sociales, especialmente en un mundo dominado por redes y consumo, es vital. Centrarnos en nuestro propio crecimiento, sin compararnos constantemente con los demás, nos permite reducir la insatisfacción y mantenernos enfocados en nuestros propios valores. Establecer límites en el uso de redes sociales o practicar momentos de desconexión puede ayudarnos a recuperar nuestra perspectiva. Y, en última instancia, desarrollar un sentido de propósito interno —ya sea a través del servicio, la creatividad, la conexión con la naturaleza o el aprendizaje continuo— puede ofrecernos una satisfacción mucho más estable y profunda que cualquier logro material.
Estar satisfechos no significa renunciar a nuestros sueños, sino encontrar un equilibrio. Significa darnos cuenta de que la verdadera plenitud no viene de acumular cosas o logros, sino de vivir una vida con propósito y significado, guiada por lo que realmente importa para nosotros.
Un regalo especial
La propuesta de Yuval es simple: nos anima a cultivar la curiosidad por conocernos mejor, la flexibilidad para adaptarnos y la capacidad de valorar lo que ya tenemos. A usar la tecnología no solo para avanzar en el mundo, sino para conectar con nosotros mismos y con los demás. Quizás la clave no esté en perseguir siempre “más”, sino en encontrar un equilibrio y vivir de forma que cada paso refleje quiénes somos en lo más profundo.
En estas fiestas, si buscas un regalo especial para tu hijo o hija, considera Imparables. Es un libro pensado para jóvenes, diseñado para que miren más allá de las historias que los adultos les hemos contado, las cuestionen y comiencen a construir sus propias ideas sobre el mundo. Más que un libro de lectura, Imparables es una herramienta para ayudarles a enfrentar los desafíos de nuestro tiempo con una mente abierta y crítica, para que aprendan a pensar por sí mismos, a cuestionarse el “por qué” de las cosas y a imaginar un futuro más justo y sostenible.
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